Si quieres aprender y divertirte, te recomiendo que entres en el siguiente enlace:
http://www.gevic.net/JuegosDidacticos.html
Es un juego parecido al del ahorcado, donde podrás conocer muchos canarismos. Espero que te guste.
viernes, 21 de noviembre de 2008
jueves, 13 de noviembre de 2008
Homenaje a mis abuelos
Mi abuelo se llamaba Teófilo y murió cuando yo tenía nueve años, hace ya cinco de muerto :-(. Todavía me acuerdo de él, de sus consejos, sus recuerdos, de lo bueno que era conmigo... Aunque esté muerto, siempre me acordaré de él.
De niña me cuidó y me quiso mucho. Más que un abuelo, era un amigo. Él fue el que me enseñó a jugar a la baraja y al dominó. También me contaba anécdotas que le pasaron a él de joven. Me decía que estaba en un cuartel y que allí empezó a fumar. Yo le explicaba que fumar, mata, y era muy malo para los pulmones y para él. Él me contestaba que algún día lo dejaría, pero nunca lo dejó.
Mi abuela se llamaba Ignacia de Loyola. Hace ya once años y medio de muerta :-(, no me acuerdo mucho de ella porque yo era muy pequeña, apenas veintidós meses.
Pero, gracias a Dios, mis otros dos abuelos por parte de madre están vivos :-).
Lorena Marrero Trujillo 2º C
Mi abuelo Juan
Mi abuelo Juan hizo tres años de muerto, pero todavía tengo buenos recuerdos de él, aunque esté difunto. Siempre estaba dándome consejos, típico en todos los abuelos. Todavía recuerdo aquel momento en que él me dijo:"Cris, no corras con la bici, que te vas a caer". Y yo, como era rebelde, no le hice caso y me caí. Él se empezó a reír y yo, enfadada, le empecé a gritar; pero lo hice porque sabía que mi abuelo tenía razón. Desde aquel momento, aprendí que tenía que hacer caso a las personas que tuvieran más experiencia que yo sobre estas cosas.
Siempre lo admiraré, ya que era una persona a la que no le gustaba nada la soledad. Todo el mundo lo respetaba. Siempre lo reconoceré y lo reconocerán como el "mejor abuelo".
Cristina Méndez Herrera 2º C
Queridos abuelos
Los abuelos pueden llegar a ser muy listos o muy pesados y repetitivos. Mi abuela es una de esas personas que quieren que los demás aprendamos a hacer un surco de papas, que plantemos cosas, que sepamos leer y escribir, y siempre repite lo mismo. A uno le parece que es algo pesada, pero ella lo dice porque quiere que nosotros, los más pequeños de la casa, salgamos adelante.
También ellos se empeñan en intentar saber más y tienen una voluntad que nadie puede superar. Los nietos queremos aprender de ellos todo lo que se pueda: sus rezados cuando uno se pone malo, los masajes en la barriga, etc. Y por eso, a mis abuelos es a lo que más quiero en el mundo.
David Alonso Trujillo 2º C
Homenaje a mis abuelos
Mis abuelo y yo hemos vivido muchos buenos momentos, pero el mejor fue aquel día en el monte de Las Raíces. Tenía yo cinco años y estábamos mis abuelos, mis padres, mis tíos y yo. Era un gran momento familiar. Primero comimos pizza para picotear un poco y yo, de segundo, pollo. Los demás comieron chuletas, carne de cabra y carne fiesta, de todo un poco. Hasta que llegó aquel momento en los columpios; mi abuelo me ayudó.
Yo me subí en el balancín y me di un fuerte golpe en la boca, y se me cayó una paleta ( uno de los dos dientes superiores del centro). No paraba de llorar y patalear, hasta que salí rodando cuesta abajo y él me frenó justo a tiempo de darme con un cristal. ¡Buf!, ¡qué miedo pasé! Suerte para mí que sólo alcancé un rasguño en el brazo y otro en la pierna en este segundo encontronazo. Así que, gracias a mis abuelos.
Christian Martín González 2º C
Mi abuelo y yo
Don Álvaro de la Rosa Arocha es mi abuelo. Nacido en 1930 en el barrio Las Cabritas, en S/C de Tenerife. Tiene 78 años y el 11 de enero cumplirá los 79. Hacemos muchas cosas juntos, como pintar cada dos años la casa entera por dentro y por fuera. Empezamos siempre por la azotea, luego hacemos el frente, la trasera y el resto al final.
Mi abuelo es Mayordomo de la Ermita del Rosario (Machado) desde 1973. Lleva 35 años con este cargo. Siempre que puedo, lo ayudo a limpiar, ordenar, etc. Él hizo todos los bancos de la ermita, que son treinta; los altares laterales, los tronos de San Amaro, San José y la Virgen del Rosario; los vía crucis que son catorce y una mesa y seis sillas para la sacristía; todo eso tallado a mano.
Estoy muy orgulloso de mi abuelo.
Ayose Amaro de León y la Rosa 2º C
miércoles, 12 de noviembre de 2008
Los abuelos
Para mí, los abuelos son una parte fundamental en mi vida; gracias a ellos lo tengo todo. Mi abuela materna se llama María, aunque yo la llamo desde pequeña "Mamía". Para mí, ella es un ejemplo a seguir, una gran mujer, por eso voy a hablar de ella.
Mi abuela "Mamía" ha sido la que me ha criado desde pequeñita. Yo viví con ella y con mi madre hasta los cinco años; por eso le debo mi infancia y que me acogiera. Al mudarme a vivir con mis padres, la eché mucho de menos.
Mi abuela "Mamía" es y ha sido una mujer luchadora, pues se quedó viuda muy joven, con cinco hijos a su cargo. Trabajó y luchó por ellos y más tarde los ayudó a criar a sus nietos.
Aunque haya pasado el tiempo, sigue siendo una persona jovial, con ganas de vivir por todos nosotros. Sus arrugas delatan el paso de los años; pero su corazón refleja el espíritu y el alma joven que aún conserva.
Bueno, es poco lo que puedo decir de ella, pero sólo sé que es mi "Mamía", la mejor abuela del mundo.
Estefanía Amanda García Martín 2º B
Mis abuelos
De mis cuatro abuelos, sólo conocí a los maternos; aunque ahora ya no está vivo ninguno. Ellos solían contarme cómo era la vida en su época de jóvenes.
Mi abuelo Fermín y mi abuela Francisca eran de Las Palmas y tuvieron seis hijas. Ellos se trasladaron a Tenerife y aquí vivieron unos ochenta años.
Mis abuelos paternos emigraron a Cuba, cuando las islas afrontaban una gran pobreza o crisis. Fueron en un barco, escondidos en las bodegas. Regresaron pasado un tiempo y construyeron su casa en Machado (El Rosario). En ella tuvieron siete hijos. Murieron justo antes de nacer yo. Su historia me la contaron mis padres y sé que se llamaban Dámaso y Adoración.
Alexis Bacallado Suárez 2º B
Mis abuelos
Nacieron en El Hierro hace 63 años y, en ese momento, no sabían que serían mis abuelos.
Mi abuelo Andrés siempre ha sido carpintero y mi abuela Juana Lucrecia, ama de casa. De ellos he aprendido muchas cosas.
Todos los veranos, mis primos y yo, vamos a casa de nuestros abuelos. Ella nos enseña a dar de comer a las gallinas, a los gatos, a recoger higos, a pasarlos y a escogerlos. mi abuelo nos lleva a pescar, nos enseña las fincas, cómo se ara, cómo se mantienen las parras; también nos ha enseñado a vendimiar y a hacer su vino. Este año ha prometido llevarnos a una fiesta muy especial que se celebra cada cuatro años en EL Hierro, La Bajada de la Virgen de Los Reyes.
Varias semanas antes, mi abuela comienza con los preparativos de la fiesta. Lo primero que hace es machacar las almendras para luego elaborar el queso de almendra. Después se ocupa de los ingredientes para las quesadillas, los mantecados, los polvorones y todos los dulces típicos de la isla.
Por otra parte, mi abuelo se encarga de adornar las calles con las banderas de El hierro, las de Canarias y colabora con mi abuela.
El día de la fiesta, mi abuela nos levanta muy temprano para que desayunemos y podamos acompañar a la Virgen. Al mediodía, nos reúne para almorzar y descansamos un poco y, al rato, volvemos a caminar. Nos paramos a merendar y continuamos el camino hasta llegar a Valverde.
Ese día, mi abuelo se siente muy importante porque es uno de los pastores de la Virgen y la acompaña a ella y a los bailarines durante todo el recorrido.
María Pedrós Fernández 2º B
Mi abuelo
Tengo dos abuelos: mi abuelo Juan, por parte de madre, y mi abuelo Lorenzo, por parte de padre.
Hoy voy a escribir sobre mi abuelo paterno, es decir, de Lorenzo. Tiene 73 años. Nació en Los Llanos, una pequeña ciudadela de Santa Cruz, donde actualmente está ubicada la ermita de Regla, frente al auditorio.
De niño, siempre jugaba en la playa donde está el Castillo Negro, nadaba, pescaba y recogía hierro del fondo del mar para venderlo y poder ir al cine.
Con 17 años empezó a trabajar en una fábrica de juguetes. Cuando sacó el carné de conducir, trabajó en varias empresas como chófer. Solía llevar a mi padre, cuando era pequeño, a una playa llamada Las Resbaladas, donde construyó una pequeña casita de madera para pasar allí los fines de semana y las vacaciones. Fabricó dos "cachuchas" y llamó a una "El Trío", por sus tres hijos. Antes de nacer yo, vendió la caseta y todas sus pertenencias, excepto "El Trío".
Mi abuelo se retiró hace cuatro años y la causa fue la enfermedad de mi abuela (un infarto), ya que si hubiera sido por él habría seguido trabajando, porque siempre ha sido una persona muy activa. Es muy creativo, le gusta leer y le encanta hacer maquetas.
Kevin José García-Talavera Perdomo 2º B
sábado, 1 de noviembre de 2008
Yo en la selva
Estaba yo un día en mi casa, aburrida, en esas tardes de lluvia en las que no te apetece salir, y no sabes qué hacer.
Entonces, cogí un libro de mi repisa y me puse a leerlo. Trataba de la selva y los dinosaurios. Cuando llegué al final del libro, encontré unas palabras extrañas. Las pronuncié y, en un abrir y cerrar de ojos, me hallaba en la selva. Había toda clase de animales: serpientes, leones, iguanas, cacatúas, etc. Me interné en la jungla y, de repente, me tropecé con un bulto gigante; se trataba de un enorme dinosaurio. No podía creer lo que estaba viendo.
Cuando me recuperé, observé con detenimiento al animal. Parecía dormido, pero se despertó y yo por poco me muero de la impresión. Perdí el conocimiento y cuando desperté, el dinosaurio todavía estaba allí y me habló: "Estoy atrapado en el tiempo y quiero volver a la Prehistoria". No sabía cómo ayudarlo, y sólo se me ocurrió repetir de nuevo el conjuro del libro.
Me elevé en medio de un torbellino y de pronto me encontré frente a mi casa. Había dejado de llover. Entré, cerré mi libro y cogí otro para ver si me ocurría algo sorprendente.
Esta aventura me ha enseñado que los libros te pueden sacar del aburrimiento metiéndote en la propia historia, sobre todo si tú eres el protagonista.
Ibana Toledo Cueca - 2º ESO B
Entonces, cogí un libro de mi repisa y me puse a leerlo. Trataba de la selva y los dinosaurios. Cuando llegué al final del libro, encontré unas palabras extrañas. Las pronuncié y, en un abrir y cerrar de ojos, me hallaba en la selva. Había toda clase de animales: serpientes, leones, iguanas, cacatúas, etc. Me interné en la jungla y, de repente, me tropecé con un bulto gigante; se trataba de un enorme dinosaurio. No podía creer lo que estaba viendo.
Cuando me recuperé, observé con detenimiento al animal. Parecía dormido, pero se despertó y yo por poco me muero de la impresión. Perdí el conocimiento y cuando desperté, el dinosaurio todavía estaba allí y me habló: "Estoy atrapado en el tiempo y quiero volver a la Prehistoria". No sabía cómo ayudarlo, y sólo se me ocurrió repetir de nuevo el conjuro del libro.
Me elevé en medio de un torbellino y de pronto me encontré frente a mi casa. Había dejado de llover. Entré, cerré mi libro y cogí otro para ver si me ocurría algo sorprendente.
Esta aventura me ha enseñado que los libros te pueden sacar del aburrimiento metiéndote en la propia historia, sobre todo si tú eres el protagonista.
Ibana Toledo Cueca - 2º ESO B
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