
Un día, un niño al salir de su colegio vio a un perro echado en la acera. El niño lo miró con ternura y pensó que si lo limpiaba y lo peinaba, su madre lo aceptaría.
Así lo hizo, pero cuando su madre vio al animal, le dijo que el perro no entraría en su casa. El niño le habló a su madre con la mirada y ella no pudo contener las lágrimas, por lo que dejó que se quedara con una condición: debería hacerse cargo de sacarlo a pasear para que hiciera sus necesidades.
El niño cumplió lo prometido los primeros meses, pero después se cansó y sólo lo sacaba de vez en cuando. La madre lo amenazó con llevarlo a la perrera, pero el perro pertenecía a la familia y sabía que eso nunca iba a pasar.
Con el paso de los años, el perro enfermó y murió. La familia quedó triste y decidieron no tener una mascota nunca más, porque cuando muriera dejaría un hueco en la familia y un dolor inmenso.
Giovanni Binetti 1º ESO D
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