
Érase una vez una nubecilla llamada Alba. Era muy pequeña y, por esa razón, las demás la despreciaban. Un día de invierno, Alba, muy triste, decidió ser valiente y se atrevió a bajar al mar. Allí vio gigantes olas y un hermoso paisaje, pero... ¡una ola la ensopó!
Fue tal el susto, que subió rápidamente y empezó a llorar. A medida que lo hacía, comprobaba cómo se iba secando. Las demás, se quedaron alucinadas, porque antes nadie se había atrevido a bajar.
Desde entonces, sabemos que cuando los humanos se ponen tristes es porque ... ¡La lluvia existe!
Noemí Nieves Ramos Ramos. 1º ESO A
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